Emilio tenía una manera de ser y de mostrarse, permítaseme el símil,
que enamoraba, una fusión de fuerte embrujo y encanto que provocaba atracción,
y a la vez, respeto; una personalidad fuerte y desbordante, de influjo poderoso.
¡Él sabía hacerte sentir bien! Y con una bendita contradicción, porque su seriedad
y firmeza, que por respeto causaba distancia en el trato, se acompañaba con
una sonrisa, ligera y discreta, pero amistosa y verdadera...
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